Koop island blues

03 marzo 2016

Hola, mi amor
está empezando a hacer frío en esta isla
estoy triste y sola, tan triste y sola.

La verdad éramos demasiado jóvenes,
ahora te busco, o a alguien como tú.

Dijimos adiós con una sonrisa en el rostro,
ahora tú estás solo, tan triste y solo.

La verdad es que nos quedamos sin tiempo, y
ahora tú me buscas, o a alguien como yo.






Kochanie

02 marzo 2016


A veces no entiendo cómo funciona el mundo para los demás, y es natural, pues a veces tampoco entiendo cómo funcionan para mí. En mi formación se encuentra muy arraigada la idea de que no existen absolutos, que por eso que encuentro casi del todo incomprensible cuando las personas deciden algo con tal determinación que pareciera no caber en ellos la menor duda. Y sin embargo los entiendo.
Tal vez el problema no sea el entendimiento sino la aceptación, sin duda no voy por la vida diciéndole a la gente cómo debería reaccionar, o aconsejando qué creo que es mejor o peor para ellos. Cuando más he tenido que limitarme a ser testigo de experiencias ajenas, y a veces también de las propias. Digo esto porque hace un par de semanas decidí lanzarme para abrir mi corazón a alguien nuevo, y pienso, ahora que han pasado unos días desde que decidimos no salir más, que el problema no era tan grande, que las soluciones estaban ahí a la mano, pero que quizá tuvimos miedo a romper nuestros esquemas de "lo que debe ser". Es que acaso ¿no pudimos intentar buscar nuevas vías?, sé que lo hicimos, pero ¿es que nuestra voluntad fue tan endeble?, no lo sé.
Con desazón debo aceptar las decisiones que no dependen de mí así como su proceder, aún cuando desearía que tuvieran otro rumbo, ya saben como lo que dice Beckett «Try again. Fail again. Fail better.». Y con tristeza.

Bisiesto

29 febrero 2016


El año bisiesto encierra misterios. Febrero me trajo un corazón abierto y un olor a campo vivo. Ojalá las promesas por venir se acerquen un poquito a la posibilidad que nos deja esta nostalgia, que el resplandor en la mejilla que describió Bolaño nos deje ciegos durante un instante prolongado, para sentir que la realidad no se nos escapa del todo de las manos con el polvo y nombres pronunciados.
Pienso mucho en el camino recorrido así como en el amor con el que regamos nuestra vida y la de todos aquellos que se atrevieron a mirarnos a los ojos para decir: aquí estoy.
Pera ellos: aquí estoy también.

Lluvia negra

27 febrero 2016

A M.

Se me van tus pasos escurriendo por los ojos;
la noche que quisimos extender
devino papiro blanco y en ceniza volada al aire.
Escucho el ruido de tus ojos en sueños,
cuando tus dedos 
coloreaban los contornos ceñidos de mis caderas
jugando a ser cometa
y en el cielo las estrellas cantaban en clave morse
para ti,
para mí.
La canción del mar fundida en agua dulce
nos dejó ser mirada, pero no recuerdo;
espuma, pero no arena caliente;
piel quemada de dulces labios
despedida
lluvia negra en la que atardecemos

18 febrero 2016

La flor que se marchita
brota en los ojos

mojados por la lluvia.

Hiere, zarza negra

11 febrero 2016


«Silencieux, je restais dans un auberge abandonnée, sous les solives enfumées, seul avec mon vin ; radieux cadavre penché sur une forme ténébreuse ; à mes pieds, gisait une brebis morte. Surgissant de l'azur décomposé, la silhouette blème de ma sœur apparut, et voici comment parla sa bouche sanglante : Blesse, ronce noire.»

De polvo y ceniza

03 febrero 2016

La última vez que nos vimos pareció en realidad ser la primera.
Hacía tiempo que su presencia me inquietaba y que mis nervios se veían alterados ante la pura idea de un encuentro.
Cómo no hacerlo cuando parte de ti mismo parece pertenecerle a ambos en una especie de recuerdo compartido, me preguntaba y me mordía los labios hasta hacerles daño, porque hacer daño es también una forma de querer despertar. Sus ojos siempre han sido penetrantes y su voz resuena en mi pecho como una plegaria interna que no se deja acallar ante la razón. Hablamos en la oscuridad hasta llegar al fondo con vértigo y náusea, a veces sus manos temblaron y los ojos se volvieron hacia todos lados en busca de una salida.
Apretó mi mano y me pidió que me quedara.
¿Quiénes somos?, habían pasado diez años para encontrarnos de frente, nos convertimos en viejos extraños, y nuestro pecho tembló más de frío que de incertidumbre. Muchas veces intenté no mirar atrás y clausurar el pasado, mi propio pasado sin pensar en que me traicionaba a mí misma, todas esas ocasiones sin éxito. El mayor logro que obtuve fue un pasado en el que los nombres, los ojos, y las palabras, se mezclaran en un amasijo digno de los autorretratos de Francis Bacon.
Recuerdo tu sonrisa franca y tus manos de niño, recuerdo también el sonido de tu cuerpo al dejarte caer sobre el mío, y tu risa; mezcla de contención y dulce efervescencia. Al terminar la noche, supe que estabas hecho de polvo y ceniza; de cielo claro y de neblina; de espuma y salitre que acaricia y se queda adherido en la superficie. Pero aún no sé de qué estoy hecha yo misma.

26 enero 2016

Arturo Bandini se pregunta en Camino de Los Ángeles: «¿Y de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?»

Romper el silencio

«I once told a friend that nothing really ends, no one can prove it»

Anoche leía el blog de una vieja amiga que me dejó pensando en la despedida que tuvimos hace, me parece, dos o tres años. En su escrito menciona que fue tan amarga que hubiera deseado borrarla, y lo cierto es que para mí tampoco fue una situación fácil de llevar.

Es curioso, cuando tienes años de conocer a una persona, lo torcido que se puede volver el nivel de confianza que se adquiere, con la capacidad de hacer daño sin pensar en las consecuencias; incluso cuando ese daño pasa, aparentemente, inadvertido.
A veces pienso en ella y en las extrañas circunstancias en las conocimos, yo era en ese entonces muy joven y los 5 años que nos separan sí hacían diferencia, de ahí que a lo largo de nuestra amistad sintiera en ella una especie de hermana mayor, de amiga, de confidente, probablemente no encuentre algo así en el futuro, y es que los años que compartimos juntas fueron formativos y determinantes en quien soy ahora.
Sé que le hice daño, sé que dije cosas duras e hirientes, por lo que no sería capaz de buscar su perdón. A la distancia me parece que aquello que dije, más que ser un intento de lastimar, era un intento por crear un shock transformativo; un estruendo que pudiera sacarnos de la inercia en la que ambas estábamos inmersas. Probablemente a nadie se lo parecería, pero eso ya tampoco es importante.

Me da gusto saber que ahora es más feliz, ya que la vida moderna no nos aleja del todo y sé que está haciendo cosas diferentes que la satisfacen. M. y yo siempre tuvimos una relación muy musical, como casi siempre la tengo con mis amigos cercanos, creo que tiene razón cuando dice que no existen los finales definitivos, y probablemente Tom Barman lo expresa mejor que nosotros, ojalá las dos seamos más valientes, es el deseo más amoroso que puedo tener.

2016

05 enero 2016


Debo reconocer que el 2015 no fue mi año. Irónicamente siempre relaciono el 5 como un número de buen augurio para mí, lo que demuestra que las creencias personales no siempre tienen fundamentos lógicos.
Cada uno de los meses, o la mayoría, estuvo cargado por un profundo sentimiento de abandono y desasosiego, a veces a mí misma y a veces a todo lo demás. Fue un año de despedidas y aunque ningún final es definitivo, a veces debemos evitar sucumbir ante la seducción de permanecer en donde ya sabemos que no hay nada más. Además murió una de mis mascotas más queridas (hoy), y eso fue sólo el pretexto para desencadenar una larga fila de sentimientos que llevaban mucho tiempo esperando por ser atendidos, tal como si de una ventanilla de banco se tratara.
Pese a todo, no puedo decir que las cosas que tienen esquinado en el round a mi corazón se han salido con la suya; personas importantes llegaron a mi vida y estoy ansiosa de conocer los cantos de las sirenas que habitan la zona abisal.


02 diciembre 2015

Una dedicatoria sin fondo; un libro llorado con palabras estériles. Y la vida que se escucha con el rumor del día con un sol pálido.

Otoño

22 noviembre 2015

- Tengo frío, quizá salga a caminar, antes de que no queden hojas que pisar, y prometo que pensaré en ti.

- Vale, también pensaré en ti, pero ¿por qué con las hojas?

- Por el sonido. Me recuerda cuando me acuesto en tu pecho, te siento quebrarte.

El primer beso - Clarice Lispector

17 noviembre 2015

Más que conversar, aquellos dos susurraban: hacía poco que el romance había empezado y andaban tontos, era el amor. Amor con lo que trae aparejado: celos.
-Está bien, te creo que soy tu primera novia, me pone contenta. Pero dime la verdad: ¿nunca antes habías besado a una mujer?
-Sí, ya había besado a una mujer.
-¿Quién era? -preguntó ella dolorida.
Toscamente él intentó contárselo, pero no sabía cómo.
El autobús de excursión subía lentamente por la sierra. Él, uno de los muchachos en medio de la muchachada bulliciosa, dejaba que la brisa fresca le diese en la cara y se le hundiera en el pelo con dedos largos, finos y sin peso como los de una madre. Qué bueno era quedarse a veces quieto, sin pensar casi, solo sintiendo. Concentrarse en sentir era difícil en medio de la barahúnda de los compañeros.
Y hasta la sed había empezado: jugar con el grupo, hablar a voz en cuello, más fuerte que el ruido del motor, reír, gritar, pensar, sentir...
¡Caray! Cómo se secaba la garganta.
Y ni sombra del agua. La cuestión era juntar saliva, y eso fue lo que hizo. Después de juntarla en la boca ardiente la tragaba despacio, y luego una vez más, y otra. Era tibia, sin embargo, la saliva, y no quitaba la sed. Una sed enorme, más grande que él mismo, que ahora le invadía todo el cuerpo.
La brisa fina, antes tan buena, al sol del mediodía se había tornado ahora árida y caliente, y al entrarle por la nariz le secaba todavía más la poca saliva que había juntado pacientemente.
¿Y si tapase la nariz y respirase un poco menos de aquel viento del desierto? Probó un momento, pero se ahogaba en seguida. La cuestión era esperar, esperar. Tal vez minutos apenas, tal vez horas, mientras que la sed que tenía era de años.
No sabía cómo ni por qué, pero ahora se sentía más cerca del agua, la presentía más próxima y los ojos se le iban más allá de la ventana recorriendo la carretera, penetrando entre los arbustos, explorando, olfateando.
El instinto animal que lo habitaba no se había equivocado: tras una inesperada curva de la carretera, entre arbustos, estaba... la fuente de donde brotaba un hilillo del agua soñada.
El autobús se detuvo, todos tenían sed, pero él consiguió llegar primero a la fuente de piedra, antes que nadie.
Cerrando los ojos entreabrió los labios y ferozmente los acercó al orificio de donde chorreaba el agua. El primer sorbo fresco bajó, deslizándose por el pecho hasta el estómago.
Era la vida que volvía, y con ella se encharcó todo el interior arenoso hasta saciarse. Ahora podía abrir los ojos.
Los abrió, y muy cerca de su cara vio dos ojos de estatua que lo miraban fijamente, y vio que era la estatua de una mujer, y que era de la boca de la mujer de donde salía el agua.
Se acordó de que al primer sorbo había sentido realmente un contacto gélido en los labios, más frío que el agua.
Y entonces supo que había acercado la boca a la boca de la mujer de la estatua de piedra. La vida había chorreado de aquella boca, de una boca hacia otra.
Intuitivamente, confuso en su inocencia, se sintió intrigado: pero si no es de la mujer de quien sale el líquido vivificante, el líquido germinador de la vida... Miró la estatua desnuda.
La había besado.
Lo invadió un temblor que desde fuera no se veía y que, empezando muy adentro, se apoderó de todo el cuerpo y convirtió el rostro en brasa viva.
Dio un paso hacia atrás o hacia delante, ya no sabía qué estaba haciendo. Perturbado, atónito, se dio cuenta de que una parte de su cuerpo, antes siempre serena, estaba ahora en una tensión agresiva, y eso no le había ocurrido nunca.
Dulcemente agresivo, se hallaba de pie, solo en medio de los demás con el corazón latiendo pausada, profundamente, sintiendo cómo se transformaba el mundo. La vida era totalmente nueva, era otra, descubierta en un sobresalto. Estaba perplejo, en un equilibrio frágil.
Hasta que, surgiendo de lo más hondo del ser, de una fuente oculta en él chorreó la verdad. Que en seguida lo llenó de miedo y también de un orgullo que no había sentido nunca.
Se había...

Se había hecho hombre.

 
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